Me encanta el invierno. Ver esos copos de nieve caer por la ventana, salir a la calle en Navidad y contemplar las luces que alumbran las calles. Son las pequeñas cosas que me hacen feliz, y de las que me debería sentir orgullosa. Pero no lo hago. Los pensamientos de que nada que pueda hacer para detener este desastre me queman cual fuego.
Quizás debería replanteármelo.

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